Menos mal que de golpe lo imprevisto llega y nos reconcilia con la vida cuando sin esperanza caminamos, hartos de todo, y ya apenas nos quedan fuerzas para seguir. No, no es preciso que lo que de manera inesperada viene a salvarnos sea un gran suceso: basta a veces con algo que sería bien poca cosa para quien no tiene necesidad de ayuda.
Hoy, por ejemplo, volvía yo, vencido, hacia mi casa, en el atardecer, después de un día desastroso, un día de esos en lo que las miserias cotidianas se acumulan en un fardo oscurísimo que nos dobla la espalda. Iba cayendo la noche. Y lentamente me llevaron mis pasos, por azar, hasta una calle solitaria y humilde. En ella vi una pared casi ruinosa, un viejo muro con una mancha muy intensa de sol crepuscular que se negaba a dejar la ciudad y no quería rendirse ante el avance decidido de la nocturna sombra.
Poca cosa, dirán, sin duda, algunos. Pero aquella luz rezagada, aquel remanso efímero de sol a punto ya de marchitarse, me liberó de pronto de la angustia que llevaba conmigo.
Y pude luego proseguir el camino hacia mi casa redimido, dichosa y, no sé, acaso, acaso, cantando en voz muy baja una canción.
sábado, 14 de mayo de 2011
Mi mancha de Sol
martes, 15 de marzo de 2011
Sobre aires...
Llega un momento en que gracias a alguien tu cabeza hace click definitivamente.... esa frase, esa palabra, ese gesto... que se te graba en la memoria para siempre...
Y no es que sea eso lo que nos hace cambiar el chip.... es la suma de muchas cosas, pero nos quedamos con ese momento, con esa persona porque la memoria es traicionera y no nos deja almacenar tantas cosas buenas...
Lo que quiero decir es que, a veces, nos acordamos mucho de lo malo y poco de lo bueno... y eso lo único que hace es distorsionar nuestra visión de nuestro mundo y de nosotros mismos
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Tenemos que estar contentos de poder respirar el mismo aire viciado de siempre... porque aunque no nos lo parezca muchas veces ese aire viciado es lo que nos permite tomar aliento para seguir adelante. Otras veces ese aire no es suficiente y entonces llega una fresca y suave brisa nueva que nos permite respirar fuerte, sanear nuestros pulmones y mirar al frente fuerte, seguro, con confianza...
Así que gracias aires viciados y brisas nuevas por hacerme entender que lo bonito es seguir vivos y que todavía estamos a tiempo para querernos y que nos quieran.
lunes, 17 de enero de 2011
Acerca del autoengaño
(...)
Leí dos veces seguidas estas escasas líneas y las dos me quedé enganchada en la penúltima de ellas, igual que un disco rayado.
Deseandoverteteabrazadeseandoverteteabraza
Hacía tantos años que no recibía algo remotamente parecido a una carta romántica que no paraba de repetir aquello. «Pero imbécil —me dije por fin saliendo del bucle—, deja ya de hacerte la novela. Esta no es una carta de amor ni nada que se le parezca. Son palabras de pura cortesía.» Sin embargo, ya se sabe cómo es el corazón humano. Más aún aquellos que no palpitan desde hace añares como el mío, por lo que me costó bastante sofocar sus latidos. En realidad, esa pobre válvula no volvió a retomar su ritmo normal hasta que llamé a Vlad y terminé de hablar con él. Entonces no es que se serenase, es que se encogió la pobre. No porque Vlad estuviera antipático ni nada por el estilo. He de decir, en honor a la verdad, que se mostró muy cordial. Me contó que pensaba venir a Madrid, que estaba buscando trabajo y que tenía dos entrevistas relacionadas con el gremio de hostelería. Charlamos un rato y yo le ofrecí quedarse en casa para no pagar hotel. Sin embargo, incluso cuando agradeció mi propuesta, no hubo nada, ni en el tono de su voz y menos aún en el contenido de sus palabras, que pudiera alimentar aquel prometedor «deseando verte te abraza».
Ante evidencia tan poco alentadora, en cuanto cortamos, la tonta Doris Day que llevo dentro se empeñó en argumentar que la gente es siempre mucho menos expresiva de viva voz que por escrito, que he ahí, por cierto, el éxito (y también el peligro) de los sms, porque se escribe lo que realmente se siente a diferencia de lo que se dice, que siempre es más cauto, más moderado. Sí, todo eso y más argumentó, voluntariosa, Doris D, pero la Dorothy Parker que también habita en mí no se anduvo con contemplaciones, sino que se ocupó de bajarme de la nube rosa de un guantazo: «Los hombres que me gustan nunca se enamoran de mujeres como yo», ésas fueron sus sentenciosas palabras y dictamen, pero lo cierto es que, curiosamente, lograron que me sintiera más tranquila. Sí, creo que me procuraron esa serenidad adolorida pero no por ello menos útil que se alcanza cuando se da uno cuenta de que no hay nada que hacer ni que esperar en el terreno amoroso.
(...)
Bueno, aquí dejo un fragmento del libro 'Invitación a un asesinato' de Carmen Posadas. No es el libro de mi vida, pero dice mucho acerca de las personas... de sus filias y sus fobias... y estoy segura de que en más de una ocasión os sentirías identificados con alguno de los personajes...
viernes, 7 de enero de 2011
La gente...
Últimamente no he tenido tiempo de hacer balance del 2010... aunque quizá no haya sido por cuestión de tiempo, sino de pereza, de miedo a enfrentarme a algunas cosas... En cualquier caso... ya llegará ese día... Y mientras llega os dejo el siguiente texto... espero que os guste!
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace en menos tiempo de lo esperado.
Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar.
Me gusta la gente estricta con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar.
Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo, entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó.
Me gusta la gente que al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente; a éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no fallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente que trabaja.
Con gente como esa, me comprometo a lo que sea.
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